Hay decisiones vitales que, cuando las tomas, no vienen solas. Vienen con preguntas, con comentarios de los que te rodean, y a veces con una voz interna que también pide explicaciones.

Elegir no tener hijos —o simplemente no querer, sin que sea una elección activa sino una ausencia de deseo— sigue generando una presión social significativa. "Ya cambiarás de idea", "cuando llegue el momento lo entenderás", "¿y si te arrepientes?".

El problema con el "ya cambiarás"

Cuando alguien nos dice que "ya cambiaremos de idea", hay un mensaje implícito: que no nos conocemos bien, que nuestra lectura de nosotros mismos es incompleta, que hay algo que falta en nuestra comprensión del mundo.

Es una forma de invalidación que, aunque muchas veces viene del afecto, puede ser difícil de habitar. Especialmente cuando lleva años repitiéndose.

El juicio interno

Pero hay algo que en terapia aparece con frecuencia y que quizás es más difícil de gestionar que el juicio externo: el interno.

Muchas personas que han elegido no tener hijos tienen también una parte de ellas que de vez en cuando se pregunta si están haciendo lo correcto. No porque realmente lo duden, sino porque han internalizado tanto el mensaje de que "deberían querer" que ese cuestionamiento se cuela solo.

Aprender a distinguir tus propios valores de los que has absorbido del entorno es uno de los trabajos más interesantes —y exigentes— de la psicoterapia.

Lo que no se suele decir

No tener hijos puede ser una forma válida, plena y satisfactoria de construir una vida. Hay personas que lo viven con total claridad y tranquilidad. Y hay otras que necesitan un espacio para explorar cómo se relacionan con esa decisión, con lo que les dicen, y con lo que se dicen a sí mismas.

Cualquiera de los dos escenarios tiene cabida en terapia.

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