¿Qué es la ansiedad y cuándo se convierte en un problema?

La ansiedad forma parte de la vida. Todos podemos sentirla en algún momento: cuando estamos atravesando un cambio importante, cuando tenemos que tomar una decisión, cuando no sabemos qué va a pasar o cuando sentimos que algo que nos importa puede estar en riesgo.

En esos momentos, la ansiedad puede cumplir una función. Nos pone en alerta, nos ayuda a anticiparnos y nos prepara para responder ante aquello que percibimos como una amenaza o un desafío.

Pero a veces esa sensación empieza a ocupar demasiado lugar.

Quizás te haya pasado que sabes que algo te preocupa, pero no consigues dejar de darle vueltas. O que una situación que, en principio, no parece tan importante, te genera una reacción mucho más intensa de la que esperabas.

Puede que empieces a evitar determinadas situaciones, que necesites tener todo bajo control o que busques constantemente asegurarte de que todo está bien.

Y entonces puede aparecer una pregunta bastante habitual: ¿Esto que me pasa es ansiedad? ¿Y cuándo debería preocuparme?

¿Cómo se siente la ansiedad?

La ansiedad no se manifiesta de una única manera. Puede aparecer en el cuerpo, en nuestros pensamientos, en nuestras emociones y también en la forma en la que actuamos.

A nivel físico, podemos notar tensión, inquietud, palpitaciones, sensación de falta de aire, molestias en el estómago, mareos o dificultades para dormir.

A nivel mental, puede aparecer como una preocupación que no conseguimos apagar, pensamientos que se repiten una y otra vez, anticipación de situaciones negativas o la sensación de que necesitamos encontrar una respuesta para poder quedarnos tranquilos.

Y también puede influir en lo que hacemos. Quizás empezamos a evitar determinadas situaciones, dejamos de hacer cosas que antes disfrutábamos, buscamos constantemente la opinión o la confirmación de otras personas o intentamos controlar cada detalle para evitar que ocurra algo que tememos.

No todas las personas viven la ansiedad de la misma manera. Por eso, más allá de ponerle un nombre a lo que sentimos, puede ser importante detenernos a mirar cómo aparece en nosotros y qué está ocurriendo en nuestra vida en ese momento.

¿Por qué la ansiedad puede mantenerse?

Mujer caminando por un sendero al atardecer, metáfora de la evitación en la ansiedad

Cuando algo nos genera ansiedad, es lógico que queramos sentirnos mejor cuanto antes. Podemos intentar distraernos, evitar aquello que nos preocupa, buscar información, pedir tranquilidad a otras personas, comprobar una y otra vez que todo está bien o intentar anticiparnos a todas las posibilidades.

Y muchas veces estas estrategias funcionan, al menos durante un rato. El problema es que ese alivio puede hacer que terminemos dependiendo cada vez más de ellas.

Por ejemplo, si algo nos da miedo y empezamos a evitarlo, probablemente sintamos menos ansiedad en ese momento. Pero también dejamos de tener la oportunidad de comprobar qué habría ocurrido si nos hubiéramos quedado en esa situación.

Algo parecido puede suceder con la necesidad de tener todo bajo control. Cuando sentimos que necesitamos estar completamente seguros antes de avanzar, la incertidumbre puede resultar cada vez más difícil de tolerar.

Esto no significa que todas las conductas de evitación o búsqueda de seguridad sean necesariamente problemáticas. En determinados momentos pueden ser comprensibles e incluso útiles. La cuestión es qué lugar empiezan a ocupar y hasta qué punto terminan condicionando nuestra vida.

Por eso, trabajar la ansiedad no consiste simplemente en intentar hacer que desaparezca. También implica comprender qué hacemos cuando aparece y si nuestra manera de responder está ayudándonos o, sin querer, está haciendo que el problema se mantenga.

No toda ansiedad tiene el mismo significado

Eliana Arce, psicóloga especializada en ansiedad, paseando por Barcelona

Hay algo que considero especialmente importante cuando hablamos de ansiedad: no podemos entenderla completamente si la separamos de la persona que la está experimentando.

Dos personas pueden llegar a consulta diciendo "tengo ansiedad" y estar hablando de experiencias muy diferentes.

Para alguien puede aparecer después de una ruptura. Para otra persona, durante un proceso de migración o mientras intenta adaptarse a una nueva vida. Puede aparecer en medio de un momento de mucho estrés, ante un cambio importante, por dificultades en una relación o después de una experiencia que ha resultado especialmente difícil.

Y a veces tampoco encontramos una explicación tan clara. Hay personas que llegan diciendo: "en realidad, todo está bien, no sé por qué me siento así".

En estos casos, puede ser útil poder detenerse y mirar un poco más allá de los síntomas. ¿Qué estaba pasando cuando empezó? ¿Hay algo que se está intentando evitar? ¿Hay alguna preocupación que ocupa demasiado espacio? ¿Estamos atravesando un cambio para el que todavía no hemos encontrado nuestra manera de adaptarnos? ¿Hay algo en nuestras relaciones que nos está generando malestar? ¿O quizás llevamos mucho tiempo funcionando de una determinada manera y recién ahora estamos empezando a notar el coste que tiene?

No siempre hay una respuesta inmediata. Y tampoco es necesario encontrarla en la primera sesión. A veces, parte del proceso consiste justamente en poder ir construyendo una comprensión más clara de lo que nos está pasando.

¿Cuándo puede ser conveniente pedir ayuda?

No hace falta esperar a encontrarnos al límite para consultar con un psicólogo.

Puede ser un buen momento para pedir ayuda cuando la ansiedad empieza a interferir en nuestra vida cotidiana, cuando dejamos de hacer cosas importantes para nosotros o cuando empieza a afectar al descanso, al trabajo o a nuestras relaciones.

También cuando sentimos que estamos evitando cada vez más situaciones, que la preocupación ocupa buena parte del día o que necesitamos controlar constantemente lo que ocurre para poder sentirnos tranquilos.

Y, por supuesto, cuando llevamos tiempo intentando manejarlo por nuestra cuenta y sentimos que no estamos consiguiendo avanzar.

Pedir ayuda no significa necesariamente que lo que nos ocurre sea grave. A veces significa simplemente que hay algo que nos está costando sostener solos y queremos entenderlo mejor.

¿Qué se trabaja en terapia cuando hay ansiedad?

No existe una única forma de trabajar la ansiedad. La manera de abordarla dependerá de cada persona, de lo que está viviendo y de los factores que pueden estar influyendo en su malestar.

En terapia podemos explorar qué situaciones despiertan la ansiedad, cómo aparecen los pensamientos y las sensaciones corporales y qué hacemos cuando empiezan a aparecer.

También podemos trabajar sobre la evitación, la necesidad de control, la dificultad para tolerar la incertidumbre o determinadas formas de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás.

En algunos casos, puede ser importante mirar experiencias anteriores que siguen teniendo un peso en el presente. En otros, puede ser más necesario centrarnos en una situación actual o en un cambio vital que está resultando especialmente difícil.

Por eso, para mí, la terapia no consiste en aplicar una misma herramienta a todas las personas. Se trata de entender qué necesita cada proceso y encontrar una forma de trabajo que tenga sentido para esa persona y para el momento que está atravesando.

Cuando la ansiedad ocupa demasiado espacio

Cuando sentimos ansiedad, es comprensible que nuestra primera reacción sea querer que desaparezca. Queremos volver a sentirnos como antes, dejar de pensar tanto, dormir mejor, poder hacer las cosas sin ese nudo en el cuerpo o dejar de preocuparnos por todo.

Y, por supuesto, aliviar el sufrimiento importa. Pero quizás no siempre sea necesario plantearnos la ansiedad como algo que tenemos que eliminar a toda costa.

A veces puede ser más útil detenernos y preguntarnos qué está ocurriendo, qué está despertando esa ansiedad y cómo estamos respondiendo cuando aparece.

Porque entender lo que nos pasa no significa resignarnos al malestar. Puede ser el comienzo de encontrar una manera diferente de relacionarnos con él y de recuperar, poco a poco, espacio para las cosas que también queremos que formen parte de nuestra vida.

La ansiedad no siempre necesita ser eliminada. A veces necesita ser comprendida.

Ventana luminosa y tranquila, símbolo de calma tras comprender la ansiedad
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